La idea de no ir a trabajar para quedarse en casa pierde la rebeldía, se hace realidad, se transforma en obligación y se le llama cuarentena. Meses de encierro. El ser humano que en esencia  tiene su sentido en la interacción sistémica de lo colectivo, hoy debe aislarse, tomar distancia obligatoria, esconder su rostro. No abrazar, no tocar. La televisión, la radio, las RRSS, se sostienen en el aire y trasladan todo tipo de diálogos. Verdaderos y falsos. La comunicación virtual se despliega y masifica como una herramienta válida. La  vida muestra en silencio la diferencia entre lo que tiene precio y lo que tiene valor.

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